atardecía y los primeros fríos otoñales se colaban por las sabanas. Olía a Humedad. Pensaba: ¡Así es imposible dormir!
Y como si me hubieran leído el pensamiento, la puerta de mi cuarto se abrió y mi madre entro lentamente, como si temiera despertarme. En su mano traía la manta. La Manta de la Abuela. De lana vieja y duradera. la que me ponía en la cama cada comienzo de otoño, desde que nací.
Me hice la dormida y en unos instantes sentí su calor, su peso y su olor. Su abrazo la transformo, nos transformo, en una unidad de leña y brasas. No me había dado tiempo a abrir los ojos y agradecerle a mi madre su preocupación cuando enseguida se cerro la puerta. Comencé a sentirme soñolienta. !UF¡, esto es mas de lo que había deseado! No era solo calor, eran recuerdo, sueños y un sin fin de sentimientos.
mi manta huele a varicela, a sarampión y a muchas gripes, pues mi abuela además de la aspirina nos la colocaba encima como si de una cataplasma se tratara. Mi manta sabe a lis de campo, a excursiones a la montaña y a interminables lecturas en el salón o la terraza.
Mi manta es de muchos colores, pues esta hecha de retales, de esos que se van a tirar y se dejan por si acaso. Y por dentro, tiene historia, la lana de los corderos de mi bisabuelo. ¡Menuda herencia !.
Mi manta es mucho mas que una manta, su valor es incalculable y creo que… -¡que sueño! - la dejare en herencia a mis hijos y , ¿por que no ?, a mis bisnietos…
- Hola, buenas tardes
- Hola, dígame..
- Me da un hilo verde?
- Un hilo para coser?
- Si, claro, para qué va a ser si no?
- Pues para bordar, para zurcir, para hacer ganchillo, para tejer, para atar las plantas…
- Bien, pues no, para coser. Es que tengo al marido que se le ha desgastado todo el bajo de los pantalones, porque no se qué es lo que hace pero me viene a casa con unos bajos.. No se yo si los tiene largos o qué. Es que es un desastre el hombre, se va a pescar cangrejos a las rocas, y claro.. (la mujer sigue hablando)
- Qué tono de verde, señora? Los tiene aquí todos, mire a ver..
- No se, pues verde. Verde normal, como el del pantalón de mi marido.
- Ha traido el pantalón?
- No, chica, no voy a venir desde casa con el pantalón a cuestas sólo por un hilo..
- A ver, es que hay muchos tonos de verde. Verde pistacho, verde kaki?
- No, verde. Verde hoja.
- Ya. Este?
- No, más claro.
- Este otro?
- No, más oscuro.
- A ver, señora, le importaría elegir usted el tono?
- Es que tengo la vista mal, y no he traído las gafas, hija mía, que últimamente, no se si es por la tensión o qué, se me pone a estas horas de la tarde la vista cansada y no soy capáz de distinguir los colores…
- Bueno, a ver, lleve este tono, a ver si acertamos, por casualidad.
- Bien, gracias. Cuánto te debo?
- Uno noventa.
- Uy! Pero cómo han subido los hilos! Qué cara esta la vida hija mía. Para una hebrita que voy a usar me tengo que llevar todo el carrete?
- Anda no! Si le parece le vendo el hilo por metros!
- Bueno, hija, déjalo, ya me arreglaré con lo que tenga en casa.
- De acuerdo, señora, buenas tardes.
(Conversación mantenida en el mostrador hace apenas diez minutos. SIC.)
Tántas ganas que había, después de mucha lluvia y mucho frío, después de la oscuridad de este invierno, aquí le tenemos por fín.
Llega rompedora ella, como siempre, explotándo por los jardines, en los montes y en los caminos. El sol le va haciendo reverencias, y aparece casi cada día, pero aún sopla un viento Norte que nos mantiene abrigados por las mañanas y por las noches.
Sacamos ropa más ligera, camisetas, vestidos y camisas, y lo de siempre: “Pero qué me ponía yo el año pasado?, si no tengo nada!”
Siempre nos parece que necesitamos algo nuevo (sobre todo en Primavera), que nos vendrían bien un par de sandalias, otra camiseta blanca, un pantalón más delgado… Lo de antaño nos parece ya viejo.
Hay formas fáciles de renovar el vestuario, con un poco de maña e imaginación:
* Una camiseta que se nos ha quedado pequeña: quítale las mangas, métele la tijera por la espalda, o pégale un tajo alrededor del escote. Luego le pones unos tirantes, o un cordón cruzado por detrás..
* Un pantalón de color extraño que hace dos años era el último grito y hoy no dice nada: compra sobres de tinte para ropa.
La mayoría de los calcetines que andan por casa tienen vida propia. Es igual si convivimos tres, cinco o sólo una persona. Siempre hay calcetines desparejados.
Si juntásemos todos los calcetines desparejados que pululan por el mundo mundial, no creo que coincidiesen con sus parejas, pero podrían ser grandes amigos.
Otra cosa que tiene los calcetines es que siempre acaban desgastándose más de la cuenta por la esquina del dedo gordo, o por el talón. Y, cómo no, los primeros que se rompen son los que más a gusto usamos.
Existe una cosa que ha caído en desuso que se llama “huevo de zurcir”. Los hay de madera o de plástico y hay quien ha llegado a usar un huevo cocido para poner de base para el zurcido.
Los hemos visto en los costureros de nuestras abuelas, incluso en algún gallinero para hacer de reclamo a las gallinas ponederas.
No hace falta más que un poco de destreza, una lana de zurcir y un huevo, para cerrar ese agujero que amenaza con agrandarse. El objetivo no es zurcir a la perfección, sino cerrar el roto. Pasar hebras de un lado a otro, y hacer lo mismo cambiando el sentido, como un telar.
Van terminándose las lanas que hemos estado vendiendo este invierno. Dentro de pocas semanas empezará a llegar el género de primavera-verano (algodones, linos, rafias…)
Ahora sólo falta que el tiempo acompañe y deje de llover y de hacer frío para animarse a tejer una chaqueta de algodón, un bolso o un gorro de colores.
En unos días pondremos en oferta las lanas que han ido quedando.
Si es porque tardas una eternidad en pensártelo, empieza ahora a hacerte un gorro o una bufanda para el invierno que viene.
Aún se pueden encontrar chollos!
Cualquier persona debería saber coser. Un botón, un dobladillo, un roto..
Aquí intentaremos que una aguja, o un enhebrador, incluso un ganchillo sean elementos manejables para todo el mundo.
Si Shin Chan lo ha conseguido, tu también puedes.